Luis Alonso ha viajado junto a su hermano a seis países distintos para presenciar el raro fenómeno astronómico y ahora lo recibirá en su pueblo, Quintanarraya, de 125 habitantes.
Es raro acabar en Quintanarraya si no se va buscando algo en concreto. El pueblo está escondido entre campos de cereal y girasoles, al sur de la provincia de Burgos, a más de una hora en coche de cualquier ciudad por carreteras secundarias. Tiene 125 habitantes censados, aunque en invierno apenas 80 pasan allí las noches. Luis Alonso (Burgos, 44 años) llegó allí por amor. Es el lugar de origen de su mujer. Y desde hace tres años es también su alcalde. Dentro de pocos días, este pequeño municipio se convertirá en uno de los lugares desde los que se podrá observar la totalidad del eclipse solar que atravesará España. Para él, será mucho más que un fenómeno astronómico. Será el momento que lleva 36 años esperando.
Tenía 4 años cuando su padre, profesor de Historia en un instituto de Burgos, llevó a Luis y a su hermano mayor, Javier, que entonces tenía 8, al campo para observar el cometa Halley. Era el invierno de 1986 y aquel cometa, que pasa cerca de la Tierra aproximadamente cada 76 años, podía verse en el cielo. Los dos hermanos miraron hacia arriba con unos prismáticos y descubrieron la astronomía. Cuatro años después, en la biblioteca de Burgos, encontraron un libro que iba a marcar sus vidas: Guía del Firmamento, de José Luis Comellas. Entre sus páginas aparecía una relación de los eclipses previstos para los siguientes 200 años. Uno de ellos se produciría en 2026 y sería visible desde su ciudad.
Desde entonces, los dos hermanos han perseguido eclipses por medio mundo, mientras esperaban el que ya sabían que algún día podrían ver desde Burgos. Han viajado a Francia en 1999, Turquía en 2003, la frontera entre Rusia y Mongolia en 2008, China en 2009, Chile en 2019 y Estados Unidos en 2024. Esta vez no tendrán que perseguir al eclipse. El eclipse vendrá a ellos.

Lo recibirán a las afueras del pueblo, en un recinto acotado para 800 personas y con una barra de bar. “La idea es que la gente llegue aquí como en una romería”, explica el alcalde. “Queremos que sea algo tranquilo que se pueda disfrutar”.
“Ver un eclipse produce una sensación rara. Los animales se comportan raro. Incluso a veces los niños se ponen a llorar porque se va la luz y creen que es hora de irse a la cama”, explica Javier Alonso (Burgos, 48 años), que ahora trabaja investigando cúmulos de estrellas en el Instituto Nacional de Astrofísica de Italia (INAF). Siete de sus compañeros viajarán hasta Quintanarraya para contemplarlo. También lo hará una científica del Instituto Max Planck de Alemania.
Además de gobernar Quintanarraya, Luis preside la Asociación Astronómica Sierra Demanda, formada por ocho amigos aficionados a la astronomía. Se reúnen por las noches para buscar nebulosas y galaxias que fotografiar y han levantado cuatro pequeños observatorios en las afueras del municipio. Desde fuera, parecen poco más que casetas agrícolas. Pero sus tejados pueden retirarse para dejar el cielo al descubierto y dentro hay telescopios, ordenadores y mapas estelares con las coordenadas de las estrellas. Uno de los telescopios puede manejarse incluso con un mando de PlayStation.
La asociación ha ido construyendo estos observatorios con el dinero que recauda dando charlas en colegios y organizando jornadas de observación. También ha conseguido que los vecinos se aficionen a mirar al cielo. “Muchas veces venimos aquí por la noche y nos encontramos a señores que han venido a mirar las estrellas”, cuenta Luis. Leonardo Cuesta, uno de los ocho miembros de la asociación, lo resume así: “Somos la asociación astronómica más pequeña de España, pero quizás la más activa”.
Pero la pasión por las estrellas en Burgos no solo se concentra en Quintanarraya. A 17 kilómetros de la capital, hay una pedanía rodeada por cientos de molinos de viento que también ha hecho planes para el eclipse. Se llama Lodoso y tiene 42 habitantes. Allí sus vecinos recuerdan la historia que les contaron sus abuelos de cuando en 1905 se produjo otro eclipse y las gallinas corrían por las calles enloquecidas.
Fuente de la noticia: El País

